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29.06.2026
Las arritmias cardiacas son alteraciones del ritmo del corazón. En algunos casos provocan palpitaciones, mareos, cansancio o pérdida de conocimiento. En otros, sin embargo, no producen síntomas claros y pueden permanecer ocultas durante meses o incluso años.
Esa evolución silenciosa es uno de los principales problemas. Cuando una arritmia se mantiene en el tiempo, el corazón puede cambiar: sus cavidades pueden dilatarse, el músculo cardiaco puede desarrollar zonas de fibrosis o cicatriz y pueden aparecer nuevos circuitos eléctricos que favorecen que la arritmia se mantenga. A este proceso se le conoce como remodelado cardiaco.
Por eso, detectar una arritmia a tiempo no solo permite iniciar antes el tratamiento. También aumenta las posibilidades de actuar cuando el corazón todavía conserva unas condiciones más favorables.
«Los resultados de las ablaciones suelen ser mejores cuanto antes se trata al paciente. El corazón no es igual al inicio de la arritmia que después de meses o años conviviendo con ella», explica el doctor Jesús Daniel “Txules” Martínez Alday, cardiólogo electrofisiólogo especializado en arritmias de la Clínica IMQ Zorrotzaurre.
El especialista forma parte del equipo de electrofisiología cardiaca de IMQ, integrado también por los doctores José Miguel Ormaetxe Merodio, Íñigo Sainz Godoy y María Fe Arcocha Torres.
La prevención y el diagnóstico precoz se enmarcan en la iniciativa ‘Lo primero, prevenir’, impulsada por IMQ para reforzar la prevención como uno de los ejes de su estrategia sanitaria.
La fibrilación auricular es la arritmia más frecuente en las personas de mayor edad. Se estima que afecta a entre el 4% y el 5% de la población mayor de 40 años, lo que supondría alrededor de 60.000 personas en el País Vasco.
No todos los pacientes necesitan el mismo tratamiento. Algunos requieren únicamente seguimiento cardiológico. Otros precisan fármacos, anticoagulación o procedimientos dirigidos a controlar o eliminar la arritmia y recuperar un ritmo cardiaco adecuado.
Su importancia no se limita a las palpitaciones o a la sensación de ritmo irregular. La fibrilación auricular aumenta el riesgo de formación de coágulos dentro del corazón. Si uno de esos coágulos se desplaza al cerebro, puede provocar un ictus.
En Euskadi se producen aproximadamente 3.000 ictus cada año y se calcula que una quinta parte, alrededor de 600 casos anuales, está relacionada con la fibrilación auricular.
«Identificar pronto a estos pacientes es fundamental. La fibrilación auricular puede provocar embolias e ictus y, además, un tercio de las personas afectadas no presenta síntomas y desconoce que sufre una arritmia», advierte el doctor Martínez Alday.
El cribado es especialmente relevante en personas con hipertensión, diabetes, obesidad, tabaquismo u otros factores de riesgo cardiovascular. En este punto, tanto la atención primaria como las consultas de Cardiología desempeñan un papel clave.
«Los factores de riesgo clásicos del infarto también aumentan el riesgo de desarrollar arritmias. Son pacientes en los que conviene estar especialmente atentos», añade el especialista.
IMQ realiza procedimientos de electrofisiología cardiaca desde 1996. La actividad comenzó en la antigua Clínica Vicente San Sebastián y se desarrolla actualmente en la Clínica IMQ Zorrotzaurre, el mayor hospital privado de Euskadi.
El equipo inició su trayectoria con los doctores José Miguel Ormaetxe Merodio y Jesús Daniel “Txules” Martínez Alday. Posteriormente, se incorporaron los cardiólogos electrofisiólogos Íñigo Sainz Godoy y María Fe Arcocha Torres.
En la actualidad, los cuatro especialistas realizan entre 200 y 250 procedimientos de ablación al año. Estos procedimientos permiten diagnosticar y tratar distintas arritmias mediante catéteres que se introducen a través de las venas o arterias hasta llegar al corazón.
Durante la intervención, el equipo localiza el foco o el circuito eléctrico que origina la arritmia. Cuando es posible, esa zona se trata mediante ablación, una técnica que permite neutralizar el tejido responsable del ritmo anómalo.
«La tecnología disponible actualmente permite estudiar las arritmias con gran precisión, acortar algunos procedimientos y abordar casos cada vez más complejos con mayor seguridad», destaca el especialista de IMQ.
Algunas ablaciones se realizan con anestesia general y otras con sedación ligera, dependiendo del tipo de arritmia, de la complejidad del procedimiento y de las características del paciente. Aunque se trata de técnicas invasivas que deben indicarse y realizarse con rigor, los avances tecnológicos han contribuido a mejorar su seguridad y eficacia.
En personas jóvenes, muchas arritmias son benignas y no reducen la esperanza de vida, pero pueden afectar de forma importante a la calidad de vida. Las crisis de palpitaciones, la sensación de pérdida de control del ritmo cardiaco o el miedo a nuevos episodios pueden limitar la actividad diaria, el deporte o el descanso.
En este grupo, la ablación puede alcanzar tasas de éxito muy elevadas, especialmente en arritmias bien localizadas y con circuitos eléctricos definidos.
En pacientes de mayor edad con fibrilación auricular, los resultados dependen de muchos factores: el tiempo de evolución de la arritmia, el tamaño de la aurícula, la presencia de fibrosis, otras enfermedades cardiovasculares y el estado general del paciente.
«No hay un porcentaje único aplicable a todos los casos. Cada paciente es diferente. Pero sí hay una idea clara: cuanto menos tiempo lleva el corazón en fibrilación auricular, mayores suelen ser las posibilidades de éxito», subraya el cardiólogo.
En muchos pacientes, aunque la ablación consiga controlar la arritmia, puede ser necesario mantener el tratamiento anticoagulante para reducir el riesgo de ictus. Esta decisión se individualiza según el perfil de riesgo de cada persona.
No todas las arritmias hacen que el corazón lata demasiado rápido. Algunas provocan justo lo contrario: un ritmo excesivamente lento o pausas que pueden causar mareo, fatiga o pérdida de conocimiento.
En estos casos puede ser necesario implantar un marcapasos. En Euskadi se colocan aproximadamente 2.200 dispositivos de este tipo cada año.
Una de las novedades de los últimos años es el uso de marcapasos sin electrodos. A diferencia de los marcapasos convencionales, estos dispositivos no necesitan cables dentro del corazón. Esto puede reducir algunas complicaciones relacionadas con los electrodos, como infecciones o problemas mecánicos asociados a los cables.
IMQ también incorpora esta tecnología en pacientes seleccionados. Su implantación se realiza mediante un procedimiento conocido por los equipos especializados y permite ofrecer una alternativa menos dependiente de cables intracardiacos.
Los síntomas de una arritmia pueden ser muy distintos de una persona a otra. El más frecuente son las palpitaciones, que pueden notarse como latidos rápidos, irregulares o especialmente intensos en el pecho o en el cuello.
También pueden aparecer mareos, cansancio injustificado, falta de aire, dolor torácico, bajadas de tensión o pérdida de conocimiento. En algunos casos, la arritmia no produce ningún síntoma y se detecta en una revisión, en un electrocardiograma o mediante dispositivos de monitorización.
La mayoría de las arritmias no son una urgencia vital, pero conviene estudiarlas. Consultar a tiempo permite confirmar el diagnóstico, valorar el riesgo y decidir el tratamiento más adecuado.
Junto con la actividad intervencionista, IMQ realiza miles de consultas cardiológicas dirigidas al diagnóstico, seguimiento y tratamiento de estos pacientes. La combinación de experiencia clínica, atención coordinada y tecnología avanzada permite abordar tanto las arritmias más frecuentes como los casos de mayor complejidad.
«Hoy disponemos de fármacos eficaces, técnicas intervencionistas consolidadas y tecnología muy precisa. Pero el gran reto sigue siendo el mismo: detectar la arritmia antes de que el corazón cambie y el tratamiento resulte más difícil», concluye el doctor Martínez Alday.
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