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La inflamación crónica gana protagonismo como factor de riesgo cardiovascular

16.04.2026

La inflamación crónica gana protagonismo como factor de riesgo cardiovascular
  • La inflamación crónica es un estado de alerta persistente del sistema inmunitario, que no duele y suele pasar desapercibido, pero que daña las arterias y facilita la formación de placas de ateroma que pueden derivar en infartos o ictus.

  • Más del 60% de los eventos coronarios —infartos y anginas de pecho— se concentran ya en la franja de los 46 a los 75 años de edad.

  • En Euskadi, las enfermedades cardiovasculares ya son la principal causa de mortalidad entre las mujeres y siguen siendo una amenaza severa para los hombres.

En el marco de la iniciativa ‘Lo primero, prevenir’, puesta en marcha recientemente por IMQ para potenciar la prevención como eje vertebrador de su estrategia sanitaria, la Dra. Zuriñe Galván, cardióloga en la Clínica IMQ Zorrotzaurre, advierte del «creciente protagonismo de la inflamación crónica de bajo grado como factor de riesgo cardiovascular». Según explica la especialista, «a diferencia de la inflamación aguda que se produce tras un golpe, la inflamación crónica de bajo grado es un estado de alerta persistente del sistema inmunitario, que no duele y suele pasar desapercibido. Sin embargo, está demostrado que daña las arterias y facilita la formación de placas de ateroma, que pueden derivar en infartos o ictus».

Más allá de los factores de riesgo cardiovascular más conocidos popularmente —como la obesidad, la hipertensión arterial, el colesterol y la diabetes— la evidencia científica actual sitúa a la inflamación crónica como un eje central y tratable de la enfermedad cardiovascular. Este estado inflamatorio es, en gran medida, propio de nuestro tiempo: «el sedentarismo, el estrés, el consumo de tóxicos y una alimentación cargada de azúcares y ultraprocesados son sus principales combustibles», añade.

¿Quién tiene más infartos: hombres o mujeres? ¿Personas mayores o de mediana edad?

Además de concienciar sobre el creciente protagonismo de este factor de riesgo emergente, la cardióloga advierte de ciertos estereotipos que pueden llevar a relajar los hábitos de vida saludable para lograr un corazón más sano.

«Para la opinión pública, el infarto sigue asociado a una imagen masculina y de edad avanzada. Sin embargo, los datos actuales en Euskadi confirman que las enfermedades cardiovasculares ya son la principal causa de mortalidad entre las mujeres y siguen siendo una amenaza severa para los hombres», destaca.

El perfil epidemiológico muestra la realidad de estas patologías: «más del 60% de los eventos coronarios, como infartos y anginas de pecho, se concentran hoy en la franja de los 46 a los 75 años de edad. Es esa etapa vital en la que muchos se sienten "demasiado jóvenes" para preocuparse por el corazón, pero en la que el organismo empieza a manifestar las consecuencias de los malos hábitos de vida».

Prevenir la inflamación crónica

Para evitar o retrasar la aparición de este estado crónico de inflamación y, en general, reducir la probabilidad de presentar factores de riesgo cardiovascular, la cardióloga señala que los cimientos de un corazón sano se construyen con una alimentación antiinflamatoria (dieta mediterránea rica en verduras, legumbres, granos integrales, frutos secos, proteína de alta calidad y grasas saludables como el aceite de oliva), ejercicio físico regular y la limitación de tóxicos.

Además de lo anterior, añade otros aspectos, como la importancia de un sueño reparador, el cuidado de la salud mental y el mantenimiento de vínculos sociales de calidad.

Cómo detectar y manejar la enfermedad cardiovascular

Para los especialistas de la Unidad Asistencial de Cardiología de la Clínica IMQ Zorrotzaurre, el gran reto médico actual sigue siendo la detección precoz de la enfermedad.

«Si se es un hombre mayor de 40 años o una mujer mayor de 50 y se tiene algún factor de riesgo cardiovascular, es aconsejable hablar con el médico y solicitar un estudio cardiovascular, como los que se realizan en IMQ Zorrotzaurre», recomienda la Dra. Galván.

Para estos estudios, es necesario tanto el factor humano, mediante un equipo altamente especializado y con experiencia, como disponer de tecnología de última generación para ofrecer una valoración integral.

«Nuestro principal objetivo es la detección precoz. Para ello, empleamos biomarcadores, pruebas de imagen avanzadas y estudios genéticos. Después, cuando es necesario, se aplican tanto tratamientos médicos como quirúrgicos: desde técnicas mínimamente invasivas hasta tratamientos cardiovasculares complejos», explica la Dra. Galván. «Se trata de diseñar estrategias a medida para reducir el riesgo individual de cada paciente».

Para un correcto manejo de estas situaciones, la especialista hace hincapié en la necesaria implicación, colaboración y compromiso del paciente con su propia salud. «Pequeños gestos, como andar todos los días, comer un poco más sano, intentar gestionar el estrés y disminuir el consumo de alcohol y tabaco (abandonándolo a ser posible), son grandes aliados de nuestra salud cardiovascular».

Según detalla la experta, «incluso cuando los factores de riesgo ya están presentes, su control riguroso y un estudio cardiovascular completo enfocado en la detección precoz de la enfermedad, reducen de forma drástica la mortalidad».