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07.03.2023
Según puso de manifiesto la Sociedad Española de Nefrología a finales del año pasado, unas 2.800 personas en Euskadi necesitan un tratamiento renal sustitutivo que realice la función que sus riñones ya no pueden hacer. Se trata de personas que precisan de diálisis o trasplante. «Aunque el número total de casos, es decir, la prevalencia, se encuentra por debajo de la media de las Comunidades Autónomas, se trata de un problema de la máxima importancia, ya que está subiendo», destaca la Dra. Izaskun Iribar, especialista en Nefrología en la Clínica IMQ Virgen Blanca.
La experta pone de relieve que la enfermedad renal crónica (ERC) «es un problema emergente en todo el mundo». Este nombre engloba un conjunto de enfermedades heterogéneas que afectan a la estructura y función de los riñones. «En nuestra sociedad, cada vez tiene más importancia dada su elevada prevalencia: se estima que un 10% de la población adulta se ve afectada; de ahí la relevancia de su detección precoz, tratamiento y control de la progresión y de las complicaciones».
La celebración en todos los países del Día Mundial del Riñón, que este año se celebra el 9 de marzo bajo el lema ‘Salud renal para todos. ¡Prepararse para lo inesperado, apoyando a los vulnerables!’, sirve para poner de manifiesto y sensibilizar a la sociedad acerca de la importancia de la salud renal.
Los pacientes con enfermedad renal crónica, «sobre todo en los primeros estadios», están frecuentemente sin diagnosticar ya que suelen ser asintomáticos y muchas veces se detectan solamente cuando se estudian otras enfermedades. «Dado que su inicio suele ser asintomático, es necesario prestar una adecuada atención a la aparición de posibles síntomas, como hipertensión, edemas, poliuria (el cuerpo produce más orina de lo habitual) o nicturia (aumento de la frecuencia en la micción nocturna de orina)».
La prevalencia de la ERC aumenta de manera progresiva con la edad, debido a que la función renal declina a partir de la tercera década de la vida, siendo un proceso fisiológico asociado al envejecimiento. «Esto es algo que conviene aceptar, como se acepta, por ejemplo, el empeoramiento de la agudeza visual», apunta la especialista.
Existe una serie de factores que incrementan la posibilidad de padecer daño renal. Los principales son la diabetes mellitus, la hipertensión arterial, la obesidad y los antecedentes familiares de enfermedad renal crónica
En cuanto a la prevención, la Dra. Izaskun Iribar destaca que para evitar la progresión de la enfermedad, independientemente de la causa que genera la insuficiencia renal, es preciso mantener «un buen control glucémico, una presión arterial dentro los parámetros recomendados, llevar un estilo de vida saludable, realizar ejercicio físico, evitar la ingesta excesiva de sal, abstenerse de bebidas alcohólicas y tabaco y minimizar el uso contrastes yodados».
La nefróloga de IMQ recalca la importancia de evitar la automedicación y la toma de fármacos tóxicos para la función renal como los antiinflamatorios no esteroideos (AINE), tales como el ibuprofeno y otros, de uso tan cotidiano.
Ante la sospecha de una enfermedad renal, la mejor forma de diagnosticarla es «la realización de una analítica de sangre y orina por el médico de atención primaria, que determine la existencia de la patología, la gravedad de ésta y la necesidad de derivar al paciente a un especialista de Nefrología».
La Dra. Iribar explica que los pacientes que finalmente presentan una insuficiencia renal crónica avanzada «deben ser preparados para recibir la opción terapéutica más apropiada», dada la «gran repercusión psicosocial» que va a suponer el diagnóstico tanto en la vida del paciente como en la de sus familiares. «El paciente debe ser informado por personal especializado de que existe prediálisis en las unidades de nefrología, para elegir su mejor opción, tanto si se decide por el tratamiento conservador como por una de las terapias renales sustitutivas».
En caso de que se opte por el tratamiento conservador, el paciente continuará recibiendo el soporte y los cuidados paliativos renales que precise. Si opta por las terapias renales sustitutivas, éstas son, actualmente, la hemodiálisis, la diálisis peritoneal y el trasplante renal (con donante vivo o de cadáver). En el último caso, para optar a un trasplante renal de cadáver, el paciente debe haber sido incluido previamente en el programa de hemodiálisis o diálisis peritoneal.
La nefróloga de IMQ concluye destacando que «la promoción de estudios y proyectos de investigación sobre la prevención, diagnóstico y tratamiento de la enfermedad renal crónica es esencial, en colaboración con las sociedades científicas. Además, para mejorar la calidad de vida de los pacientes y la educación sanitaria de ellos y sus familias, para después poder tomar decisiones con un mayor conocimiento, se deben llevar a cabo más investigaciones psicosociales en pacientes renales. Esto se debe a que es imprescindible involucrar al paciente en su autocuidado para lograr un buen control de la enfermedad».
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