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¿Conoces la relación entre obesidad y diabetes? Dos especialistas de IMQ te la cuentan en ocho respuestas

21.11.2025

¿Conoces la relación entre obesidad y diabetes? Dos especialistas de IMQ te la cuentan en ocho respuestas
  • Desde IMQ, dos médicos especialistas en Endocrinología y Nutrición, la Dra. Beatriz Astigarraga Aguirre y la Dra. Marta Baraia-Etxaburu Astigarraga, explican los pormenores de estas dos patologías.

  • Este mes de noviembre se han celebrado el Día Mundial de Lucha contra la Obesidad (12 de noviembre) y el Día Mundial de la Diabetes (14 de noviembre), que marcan en el calendario dos enfermedades muy relacionadas entre sí y que crecen sin cesar en el mundo.

Este mes de noviembre se han celebrado el Día Mundial de Lucha contra la Obesidad (12 de noviembre) y el Día Mundial de la Diabetes (14 de noviembre).

Estas fechas tienen por objetivo informar y sensibilizar a la población sobre dos patologías cuya frecuencia está aumentando exponencialmente en el siglo XXI y que presentan un alto riesgo para la salud.

Desde IMQ, dos médicos especialistas en Endocrinología y Nutrición, la Dra. Beatriz Astigarraga Aguirre y la Dra. Marta Baraia-Etxaburu Astigarraga, explican los pormenores de estas dos patologías, obesidad y diabetes, que están tan íntimamente relacionadas.

¿Qué es la obesidad?

La definición clásica de la obesidad se limita a un solo concepto, el índice de masa corporal (IMC), que se obtiene dividiendo el peso del paciente por su talla al cuadrado. Si una persona alcanza un IMC mayor o igual a 30, presenta obesidad. Sin embargo, la obesidad es una patología mucho más compleja que eso. Se trata de un proceso inflamatorio crónico por un exceso de tejido graso, y puede deberse a múltiples causas.

¿Qué es la diabetes?

Dentro de los diferentes tipos de diabetes, la diabetes mellitus tipo 2 es la que presenta mayor relación con la obesidad, en contraste con la diabetes mellitus tipo 1, que es más frecuente en la infancia y la adolescencia, y tiene un origen autoinmune.

La Asociación Americana de Diabetes define la diabetes tipo 2 como un conjunto de trastornos metabólicos que se caracterizan por la presencia de hiperglucemia (glucosa elevada en sangre) de forma crónica.

Puede asociarse a complicaciones macro o microvasculares (que afectan a grandes o a pequeños vasos sanguíneos), lo que puede desembocar en otros trastornos importantes.

¿Cuál es la relación entre ambas?

La obesidad y la diabetes están íntimamente relacionadas. Entre un 30 y un 40% de los pacientes con obesidad presentan diabetes tipo 2; y más del 80% de los pacientes con diabetes tipo 2 presenta obesidad.

Para la prevención y el tratamiento de ambas situaciones, la recomendación principal es fomentar los hábitos de vida saludables: alimentación sana, equilibrada y variada; ejercicio físico adecuado y bienestar emocional.

Conseguir y mantener estos objetivos es complejo. ¿Cuáles son las alternativas para mejorar esta situación?

El tratamiento farmacológico puede ser de ayuda. Afortunadamente, cada día se dispone de más alternativas terapéuticas para mejorar tanto la obesidad como la diabetes.

La última revolución son los fármacos que actúan sobre unas hormonas llamadas incretinas, como son el GLP-1 (péptido similar al glucagón tipo 1) y el GIP (polipéptido inhibidor gástrico). Por ese motivo reciben el nombre de “agonistas del receptor GLP-1 y/o GIP”.

Estos fármacos aumentan la secreción de insulina en el páncreas, producen una sensación de saciedad en el cerebro y ralentizan el vaciado del estómago.

Si facilitan la liberación de insulina, ¿no hay riesgo de que un paciente sin diabetes tenga bajadas de azúcar al utilizar estos fármacos?

No, porque sólo actúan en respuesta a la ingesta de alimentos. Es decir, desarrollan su función al consumir alimentos, sobre todo, cuando estos son ricos en grasas y en hidratos de carbono. Si no hay ingesta, no se liberan estas hormonas llamadas incretinas, y el fármaco no actúa.

Sin embargo, ¿pueden producir otros efectos adversos?

Sí. Los más frecuentes son los efectos gastrointestinales: náuseas, vómitos, diarrea o estreñimiento. En ocasiones, dolor de cabeza o alteraciones del sueño. Y de manera excepcional, podrían ocasionar pancreatitis o alteraciones renales, entre otros.

Entonces, ¿cuál sería el efecto beneficioso más importante de estos fármacos?

Su protección cardiovascular, que se traduce en la prevención y la mejora de enfermedades que implican un alto riesgo para la salud, como son la diabetes tipo 2, las apneas del sueño, la hipertensión arterial, la hipercolesterolemia, la cardiopatía isquémica o la esteatosis hepática (hígado graso).

Su efecto es prometedor, pero ¿pueden utilizarlos cualquier persona?

No. Para ser tratados con ellos es necesario cumplir unos criterios: presentar un índice de masa corporal mayor o igual a 30, o tener un índice de masa corporal entre 27 y 30 junto con una de las enfermedades de riesgo cardiovascular previamente mencionadas.

Por supuesto, es imprescindible una valoración médica y un seguimiento estrecho de los pacientes cuando se decide hacer uso de estos fármacos.