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27.11.2025
La Navidad es una época del año en la que el encuentro social y la comida adquieren una especial importancia. Las comidas y cenas familiares son las grandes protagonistas de estas fechas, aunque este tipo de encuentros no siempre sean motivo de celebración para todas las personas. «Estas fechas pueden provocar en algunas personas un aumento de la ansiedad y, en consecuencia, de las conductas disfuncionales relacionadas con la alimentación y la imagen corporal. Concretamente, en aquellas que sufren un trastorno de la conducta alimentaria (TCA), la Navidad puede generar una mezcla de miedos, inseguridades y ansiedad», explica Begoña Charro, psicóloga y coordinadora de Unidad de Día de Trastornos de Alimentación en IMQ Amsa.
Para quienes luchan con un trastorno de la conducta alimentaria, la obligación social de encontrarse con la familia o los amigos en torno a una mesa puede llegar a constituir un auténtico reto. «Las comidas suelen ser, en general, más copiosas y el tiempo que se emplea en ellas, con largas sobremesas acompañadas de dulces típicos, pueden generar un nivel elevado de ansiedad para algunos».
La sensación, en estas fechas, de estar en un banquete continuo en el que una comida se enlaza con una cena, puede generar un cierto «hartazgo» que, en las personas con un TCA, puede derivar en «una agudización de sus síntomas de ansiedad y culpabilidad».
Además, en el periodo navideño son típicos los mensajes contradictorios que llegan desde diferentes ámbitos. «Por un lado, se dan constantes invitaciones a comer más, con más frecuencia y disponiendo de alimentos especialmente calóricos. Y a la vez, por otro lado, se reciben otros mensajes dirigidos a no engordar en Navidad, a recuperarse después de los “excesos” de las fiestas de manera exprés, o a ponerse a régimen el 1 de enero», expone la psicóloga Begoña Charro. «Por lo tanto, aunque la costumbre nos habla de celebrar las fiestas con comidas y dulces propios de la Navidad, la sociedad nos urge a no apartarnos de unos cánones de imagen establecidos».
La experta incide en el «gran desconocimiento existente acerca de la conexión entre los estados emocionales de una persona y su relación con la alimentación», así como el impacto de los mensajes que se difunden socialmente, «que hacen que algunas personas lleguen a normalizar conductas que pueden ser de riesgo».
Begoña Charro enumera una serie de preguntas que pueden ayudar a dar pistas sobre un posible trastorno de la conducta alimentaria en Navidad: «¿Alguna vez has pensado en ponerte a dieta antes o después de Navidad? ¿Has sentido la necesidad de compensar las ingestas excesivas (ayunando, etc.) después de alguna comida? ¿Anticipas con qué comida te vas a encontrar? ¿Sientes culpa después de las comidas? Y, por último, ¿sientes que te descontrolas cuando empiezas a comer y no puedes parar?».
Para la psicóloga de IMQ Amsa, «la identificación de alguna de estas cuestiones podría ser clave para la detección de una relación disfuncional con la comida e imagen corporal». Si es así o se conoce a alguien en el entorno próximo que pueda encontrarse en una situación similar, «es importante pedir ayuda profesional para recuperar el bienestar físico y emocional y evitar cuanto antes problemas más severos».
La coordinadora de Unidad de Día de Trastornos de Alimentación en IMQ Amsa propone, para las personas que sufren estos problemas y que se tienen que enfrentar con unas fechas que pueden ser complicadas, unos consejos para intentar ayudar a gestionarlas mejor.
En primer lugar, puede ser útil «preparar un plan de acción para ayudar a la persona con un TCA a afrontar estas fechas: consensuando las cantidades, sin repetir menú, etcétera». También, si la persona afectada está de acuerdo, se puede explicar su situación a las personas invitadas «para que puedan comprender algunas de sus actitudes y comportamientos». Las conversaciones sobre temáticas variadas pueden ayudar a desviar la atención, evitando el tema de la comida. Igualmente, es útil «servir la comida en el plato para poder tener una idea de la cantidad exacta que se va a comer», evitando la realización de comparaciones entre las raciones de unas y otras personas. Por último, es positivo «retirar los platos una vez que haya acabado la comida y realizar una sobremesa con actividades que alejen los pensamientos de la comida», desgrana la experta.
Cuando el problema se detecta, la coordinadora de Unidad de Día de Trastornos de Alimentación en IMQ Amsa recuerda la necesidad de un abordaje multidiscilplinar, compuesto por especialistas en psicología, psiquiatría y nutrición especializados en TCA y con experiencia contrastada en cualquier relación disfuncional con la comida e imagen corporal. Este abordaje puede incluir una primera valoración terapéutica psicológica y nutricional para poder definir cuáles son las dificultades y ofrecer el recurso que más se ajuste a las necesidades de la persona.
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