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21.04.2026
Hasta hace unas décadas, se entendía el concepto de salud únicamente como la ausencia de enfermedades y dolencias corporales. Comprendido así, sin embargo, se ignoran factores clave del bienestar humano, como su ambiente y su vida emocional y psicológica. Tanto es así, que la Organización Mundial de la Salud definió a la salud en el preámbulo de su Constitución como el «estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades».
En esta misma línea, el Consenso de Expertos de la Sociedad Europea de Cardiología, en su último congreso europeo y mundial, celebrado en Madrid, ha definido recientemente al bienestar mental como el estado que permite a las personas hacer frente al estrés diario, utilizar sus capacidades, aprender a trabajar de manera eficaz y contribuir a su comunidad.
«Tradicionalmente, la cardiología y otras muchas especialidades médicas han sido muy biologísticas, centrándose —en el caso de la cardiología— en la reperfusión coronaria en caso de problemas coronarios, el tratamiento de la insuficiencia cardíaca, en la valoración de las valvulopatías, en las arritmias y otros trastornos, pero dejando los problemas de salud mental a otros especialistas. Tan sólo tímidamente se le ha dado trascendencia y trabajado en ciertas secciones, como en las unidades de rehabilitación cardíaca y en las unidades postrasplante cardíaco», apunta el Dr. Juan Carlos Ibáñez de Maeztu, cardiólogo de IMQ, en el marco de la iniciativa ‘Lo primero, prevenir’, puesta en marcha recientemente por IMQ para potenciar la prevención como eje vertebrador de su estrategia sanitaria.
«Sin embargo», añade el experto, «cada vez se tiene más constancia de la importancia de la salud mental, no solo en el riesgo cardiovascular sino en los posibles trastornos mentales que pueden derivar de la enfermedad cardiovascular».
El bienestar mental, definido como optimismo general, satisfacción personal y sensación de bienestar en la vida, ha demostrado estar asociado a un menor riesgo cardiovascular.
«Existen, sin embargo, en la vida cotidiana, múltiples situaciones que pueden impactar en la salud mental, como el estrés psicosocial, el estrés laboral, el desempleo, la percepción subjetiva del estatus socioeconómico, la percepción de discriminación, las experiencias adversas o traumáticas durante la niñez, la violencia de pareja o la soledad, y el aislamiento social».
Dichas situaciones pueden derivar, en algunos casos, en trastornos mentales como depresión o ansiedad entre los más frecuentemente identificados.
A continuación, el cardiólogo de IMQ expone algunos de los efectos que los trastornos de salud mental, según dicho Consenso, pueden ocasionar en la salud cardiovascular.
A la inversa, un problema del corazón también puede afectar a la salud mental. Dos casos comunes que explica el Dr. Juan Carlos Ibáñez de Maeztu son:
«En la práctica clínica cardiovascular a menudo no se evalúa ni se integra sistemáticamente la salud mental en la atención del riesgo cardiovascular», apunta el Dr. Ibáñez de Maeztu.
Para hacer frente a esta realidad cotidiana en las consultas de cardiología, en el último Congreso Europeo de Cardiología se presentó un Consenso de Expertos sobre la salud mental y la enfermedad cardiovascular. Las propuestas de mejora emanadas de este documento se refieren a aspectos como:
«Para aplicar estas medidas con éxito, los sistemas de salud deben normalizar la evaluación mental y psicosocial como parte de la asistencia cardiovascular, capacitar a los profesionales para abordar la salud mental de manera proactiva y reducir la estigmatización de la enfermedad cardiovascular y de los trastornos de la esfera mental, tanto en los pacientes como en la sociedad en general», destaca el Dr. Ibáñez de Maeztu.
La integración de estas recomendaciones en la práctica clínica habitual «es esencial para mejorar la adhesión a los tratamientos, los resultados y la calidad de vida general de los pacientes con enfermedad cardiovascular», concluye el cardiólogo de IMQ.
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