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26.10.2023
El ministerio de Sanidad constata en su reciente documento ‘Estrategia en Ictus del Sistema Nacional de Salud. Informe de evaluación y líneas prioritarias de actuación’, que su primer objetivo general, que persigue reducir la incidencia del ictus, continúa siendo una meta difícil de lograr.
Tal y como pone de manifiesto este informe, en el total nacional, la tasa de altas de hospitalización por ictus por cada 1.000 habitantes era de 2,05 en el año 2014 y de 2,06 en 2018, con una media para el periodo en torno a 2,04 altas por cada 1.000 habitantes. En la serie se observan siempre cifras mayores en hombres y esta diferencia se mantiene casi constante a lo largo de los cinco años. En la misma línea, en Euskadi, cuyas cifras han sido de manera histórica ligeramente más altas que la media de las comunidades autónomas, se ha pasado de 2,46 en 2014 a 2,55 en 2018, mostrando una evolución muy similar en el tiempo.
No obstante, el importante esfuerzo que se está desplegando por parte de todas las partes implicadas, «está dando buenos resultados», admite el Dr. Alfredo Rodríguez-Antigüedad, neurólogo de IMQ. Y es que, en el marco del Día Mundial del Ictus, que cada año se conmemora el 29 de octubre, el informe recoge que, en Euskadi, respecto a las tasas ajustadas de mortalidad por enfermedades cerebrovasculares por 100.000 habitantes han pasado del 29,60 del año 2008 al 20,99 de 2018, lo que supone una reducción del 29,08% en once años, estando estos datos por debajo de la media nacional.
Estos buenos resultados también se aprecian en las tasas ajustadas de mortalidad prematura por enfermedades cerebrovasculares por 100.000 habitantes 2008-2018, que en la comunidad autónoma del País Vasco han variado del 9,11 de 2008 al 7,28 de 2018.
Según explica el Dr. Rodríguez-Antigüedad, «en Euskadi, toda la población tiene acceso en un máximo de unos 30 minutos a un hospital de referencia para la atención del ictus. Además, contamos con un protocolo específico para la atención del ictus pediátrico en cada uno de estos centros».
Tal y como detalla el neurólogo de IMQ, la manera más eficaz de prevenir un ictus es «realizar unos hábitos de vida saludable y atender las indicaciones de los médicos de atención primaria con relación al control de los factores de riesgo vascular (hipertensión arterial, colesterol elevado, tabaquismo, etcétera. Y ante la sospecha de estar sufriendo un ictus, se ha acudir sin demora a un servicio de urgencias hospitalario o avisar al 112».
Cada año, Euskadi registra cerca de 3.400 casos de ictus. De ellos, cerca del 80% de los casos, son prevenibles. Del total de los casos, el 52% se da en hombres y el 48% en mujeres y provocan anualmente una cifra en torno a los 1.400 fallecimientos. En cuanto a los rangos de edad, casi tres de cada cuatro ictus ocurren en personas mayores de 65 años. Con más de 5.000 altas hospitalarias al año en Euskadi por esta causa, se estima que los costes de asistencia sanitaria, incluida la rehabilitación, tras un ictus alcanzan los 35 millones de euros.
Para ayudar a prevenir el ictus, una herramienta que está demostrando, año tras año, sus buenos resultados, son imprescindibles unos hábitos de vida saludable, que incluyan el abandono del consumo de tóxicos (incluidos el alcohol y el tabaco), la realización de ejercicio aeróbico moderado de manera habitual, así como mantener una dieta mediterránea, sana, variada y moderada.
Son numerosos los factores de riesgo asociados al ictus, entre los que destacan la edad, la hipertensión arterial, el tabaquismo, el aumento del colesterol y los triglicéridos, la diabetes, la obesidad, el sedentarismo, la presencia de cardiopatías potencialmente embolígenas (principalmente la fibrilación auricular), y el síndrome de apnea obstructiva del sueño. El consumo de determinadas drogas, como por ejemplo, la cocaína, también se ha asociado a una mayor incidencia de eventos vasculares cerebrales.
El ictus, también conocido como ACV (accidente cerebrovascular), puede dividirse en hemorrágico o isquémico. El isquémico corresponde al 85% de todos los ictus y es en donde más se ha avanzado en su tratamiento. Se debe a una interrupción brusca del riego cerebral en un territorio arterial, lo que ocasiona un déficit neurológico congruente con las funciones que asume el área cerebral afectada. En el caso del ictus isquémico, la interrupción suele estar provocada por un trombo que tapona una arteria cerebral. En el ictus hemorrágico, la arteria se rompe y se produce una hemorragia interna y una pérdida de riego.
En función del área del cerebro afectada, pueden producirse diversos síntomas. Algunos de los que pueden aparecer son: adormecimiento, ‘acorchamiento’ o debilidad de la cara o una extremidad; dificultad repentina para hablar o entender correctamente, con posibles episodios de confusión; dificultad visual emergente; y pérdida brusca del equilibrio, coordinación o capacidad para andar o estar de pie.
Recuperación de la autonomía personal tras un ictus
La hipertensión arterial es el principal factor de riesgo para sufrir un ictus
Euskadi registra cerca de 3.400 casos de ictus cada año