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24.04.2026
Cuando una persona sobrevive a un infarto de miocardio o está convaleciente, por ejemplo, tras un cateterismo cardiaco o una intervención para la realización de un bypass o la colocación de un stent, la atención sanitaria no se acaba con el procedimiento agudo. Es justo en ese momento en el que comienza la rehabilitación cardiaca, una atención sanitaria estructurada, multidisciplinar y con una larga trayectoria, que ayuda a las personas que han sufrido un evento cardiaco a recuperar su vida normal. Y con suerte, a mejorarla, incluso.
En el País Vasco, tal y como detalla el Dr. Zigor Madaria, cardiólogo deportivo del centro de rehabilitación bilbaíno IMQ Ajuriaguerra, el perfil más habitual es una persona con cardiopatía isquémica: «suelen ser personas que han sufrido un infarto, una angina de pecho o se ha sometido a un bypass o a una angioplastia coronaria. Es decir, problemas derivados de las arterias del corazón, que son también los que más habitualmente precisan rehabilitación cardiaca».
No obstante, los usuarios de los servicios de rehabilitación cardiaca tienen perfiles variados. Por ejemplo, «cualquier diagnóstico reciente de una cardiopatía, incluso personas con factores de riesgo importantes (tensión alta, colesterol, diabetes, tabaquismo, obesidad, vida muy sedentaria), aunque no hayan tenido todavía un evento cardiovascular, también se benefician muchísimo del programa educativo y de ejercicio».
Según recalca el cardiólogo de IMQ, en el marco de la iniciativa ‘Lo primero, prevenir’, puesta en marcha recientemente por IMQ para potenciar la prevención como eje vertebrador de su estrategia sanitaria, «cuanto antes empecemos a cuidar el corazón, mejor. No hay que olvidar que la rehabilitación cardiaca también es prevención cardiovascular».
La rehabilitación cardiaca consiste en «un programa estructurado que combina tres pilares: valoración médica, ejercicio físico adaptado y educación para cuidar la salud de por vida. Todo ello, con el apoyo de un equipo que suele incluir cardiólogos, médicos rehabilitadores, fisioterapeutas, enfermería y psicología», explica el Dr. Zigor Madaria.
Antes de comenzar la rehabilitación, se realiza una evaluación completa, que incluye un repaso de la historia clínica, la realización de las pruebas médicas pertinentes, así como el análisis de los factores de riesgo. «Con esa información se diseña un plan a medida, absolutamente personalizado».
La duración media de un programa se suele encontrar entre las ocho y las doce semanas, con unas dos o tres sesiones semanales. En la mayor parte de los casos, cada sesión suele durar entre una hora y una hora y media.
«En esas sesiones se pauta ejercicio aeróbico, como bicicleta estática, caminar o correr en cinta, y ejercicios de fuerza adaptados (normalmente, intensos, aunque depende de cada caso en concreto). También se emplean técnicas de relajación», puntualiza el Dr. Madaria.
«A la vez», continúa explicando el experto, «se hace una educación e intervención individualizada por parte de los distintos profesionales, orientada a educar en los cambios en el estilo de vida, nutrición, ejercicio, enfermedad, síntomas de alarma, medicación y ayuda especializada para la deshabituación tabáquica. El objetivo es lograr que el paciente sea autónomo y sepa qué hacer en su día a día».
Según valora el cardiólogo deportivo del centro de rehabilitación en Bilbao IMQ Ajuriaguerra, «diversos estudios internacionales realizados con grandes muestras de pacientes han demostrado que la rehabilitación cardiaca reduce la mortalidad tras un evento cardiaco entre un 20 y un 25%, y disminuye los reingresos hospitalarios, además de mejorar la calidad de vida y el ánimo de estos pacientes».
«En nuestras consultas», añade, «no tratamos sólo de lograr que el paciente vuelva a estar como antes del episodio agudo, sino de aprovechar esta ocasión, esta nueva oportunidad que le da la vida, para llegar a estar mejor que antes, para lograr mayor calidad de vida y reducir los factores de riesgo anteriores».
Por último, para lograr el objetivo anterior, el cardiólogo deportivo de IMQ hace hincapié en que la combinación de medicación bien ajustada y de cambios en el estilo de vida, marcan la diferencia: «dejar de fumar es el paso más importante que se puede dar por el corazón. Además, es conveniente cuidar la alimentación (con menos alimentos procesados y más verduras, frutas, legumbres, pescado, carnes, huevos, aceite de oliva y alimentos reales en general), mantener un peso saludable, hacer actividad física todos los días, controlar regularmente la tensión, el colesterol y la glucosa y, por supuesto, pedir ayuda si se nota ansiedad, tristeza o miedo intenso: la salud emocional también cuenta».
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